lunes, junio 19, 2006

a mi n o me la cuentes

Vaya personajes espero que la próxima vez ganemos algo....

sábado, abril 08, 2006

Próxima estación: Tarifa, correspondencia con: una vida mejor


Desde hace unos años Galicia, y en concreto A Coruña, es el destino de muchos inmigrantes ilegales, que una vez que llegan a las costas gaditanas, deciden probar suerte en nuestra comunidad. Vienen en busca de unas mejores condiciones de vida, pero la realidad es que el viaje a Cádiz les puede costar la muerte. Uno de esos millones de inmigrantes, que vuelven a nacer en Tarifa, espera establecerse en la ciudad.

Semana Santa es un momento elegido por muchos para hacer una escapada, sin embargo hay ciertos viajes que el día de salida viene dado por una oportunidad, el destino siempre es el mismo y la suerte es la que decide su duración. Un billete abierto desde Marruecos hasta Tarifa, en Cádiz.

Este es el viaje que realizó Abdelkader, uno de los millones de inmigrantes que llegan a las costas españolas en busca de una vida mejor. Un sueño que para Abdelkader -cuyo nombre real prefiere ocultar, al igual que su rostro- todavía está por llegar. Hace tres años que este inmigrante llegó a Tarifa en patera, pero él recuerda ese día como si hubiera pasado hace unos minutos.

Abdelkader al cumplir la mayoría de edad decidió emprender el viaje a España. Un objetivo que persiguen todos los jóvenes marroquís. Hoy con 25 años y preguntado por el motivo que les lleva a emprender la aventura que les puede llevar a la muerte, afirma sonriente que eso siempre está presente pero que es la única forma, vivir o morir , en Marruecos se paga con poco dinero el trabajo, además no hacía nada allí, todos mis amigos y parientes de mi edad marcharon para España, todos queremos marchar , añade tímido.

El viaje, dice, fue muy duro. Con él se embarcaron en la patera hasta setenta hombres más. La embarcación , que no medía más de ocho metros, fue su esperanza durante dos días. Cuarenta y ocho horas sin poder moverse, sin comer y sin beber. Se aguanta con mucho miedo, pero es la única forma, miedo a la muerte, a naufragar, a que al llegar nos devuelvan a Marruecos .

Una vez en España y tras caminar más de 300 kilómetros durante cuatro días por la montaña gaditana el objetivo es encontrar una cara conocida y obtener una documentación real, a pesar de que a los pocos días de llegar se puede conseguir una falsa. Abdelkader, aunque lleva ya tres años en España, todavía está a la espera de ser un ciudadano legal, ya tengo varios resguardos de que está en trámites, pero siempre falta algún papel .

Tras vivir en Alicante y Castilla-La Mancha, trabajando en la recogida de la uva o de la espinaca, decide marcharse para A Coruña. Es una ciudad tranquila -afirma- vine porque se dice que aquí la gente te trata bien y te da trabajo porque no hay tantos inmigrantes como en el sur, aquí podemos tener una casa y un coche . Sin embargo, la realidad es que él continúa buscando un empleo.

Mientras su sueño de una vida mejor se cumple, Abdelkader ayuda a un amigo en las ferias de ropa por las mañanas y aprende español en la ONG Ecos do sur, en la zona de Os Mallos, por las tardes.

Abdelkader es el único de sus seis hermanos que ha emigrado. Hablo una vez cada quince días por teléfono con mi familia , dice.

La trayectoria de Abdelkader le llevará a instalarse en la ciudad definitivamente. A traerse a la familia de Marruecos y a formar él una propia, pero sin embargo niega rotundamente envejecer en Galicia. No se cuándo me iré, pero seguro que vuelvo a Marruecos. Todos nosotros siempre nos iremos a morir a nuestro país, aquí viejos ya no hacemos nada , declara rotundamente.

La biografía de este joven puede ser la de cualquiera de esos millones de jóvenes que no se piensan dos veces el embarcarse en una patera. Como Abdelkader muchos de ellos ya ven en Galicia y en A Coruña la esperanza de una vida mejor.

martes, abril 04, 2006

La vida en la otra cara de la ciudad




Penamoa, el principal exponente de la infravivienda en A Coruña

Penamoa es el asentamiento chabolista más grande de la provincia de A Coruña. Está poblado por más de cien familias y está situado en un alto muy cerca del barrio del Ventorrillo. A vista de pájaro, las chabolas, la basura y la chatarra perfilan una curva de algo más de un kilómetro. Popularmente el poblado está dividido en dos zonas, la de arriba, donde el trapicheo de droga es más habitual, y la de abajo, donde proliferan más los chatarreros y los feriantes. Todos comparten una misma situación: en pleno siglo XXI, en una ciudad caracterizada por su desarrollo urbanístico, viven en chabolas. La pregunta es si la Tercera Ronda cambiará para bien sus vidas.


Subir a Penamoa es sinónimo de ir a por droga. O por lo menos es la primera impresión de la mayoría de los coruñeses. Sin duda, un poblado conocido por todos, pero visitado sólo por unos pocos.
Un barrio que es parte de A Coruña, pero que sin embargo dista mucho de esa ciudad de servicios, de turismo y de cultura que proclaman allí donde van los representantes municipales con el ex alcalde Vázquez a la cabeza. Muy lejos de esos grandes edificios vanguardistas, contenedores de arte que les llaman, donde la luz entra por todas partes. Es irónico, en una chabola entra la luz por casi todas partes, y también la lluvia y el viento, al lado de todas ellas un gran contenedor ... de basura y de chatarra.
Si todos lo conocen y sólo son unos pocos los que se han acercado hasta allí, son más de un centenar de familias las que viven diariamente en el asentamiento de Penamoa.
Santiago Barrul Jiménez es uno de ellos. Gitano y padre de familia. El prototipo de uno de sus habitantes. En el caso de una mujer es similar, suele ser gitana y seguro que tendrá hijos y/o estará a la espera. Una joven con menos de veinte años suele tener ya una familia numerosa.

Día a día
La forma de vida cambia nada más despertarse. Son las siete de la mañana y Santiago sale de la chabola para cortar leña. Un rato después vuelve para encender la caldera ubicada en la parte central de la vivienda. "Y todos los días así, si no, los niños no se levantan, hace mucho frío".
Unos hijos que suelen ser más de tres y duermen en una cama. Y es que el frío no es el único problema.
En el caso de Santiago, su hija de siete años duerme con su hijo de tres, en una misma cama de 80. Pegados a ellos, la cuna de la niña de año y medio. Y pegada a la cuna, la cama del matrimonio. "Para levantarnos a por algo hay que saltar por encima de la cuna y luego por encima de la cama de los niños, a oscuras, tenemos miedo a aplastarlos". La habitación no mide más de tres metros cuadrados y se ve adornada con varias goteras en una de las paredes, una estantería a rebosar y una abertura en la otra que deja pasar el viento.
Una vez que los dos mayores se levantan, la mujer calienta un cazo de agua para el aseo en la cocina, de unos cinco metros cuadrados, que sirve también de salón y comedor. La escasa fuerza con la que el agua llega al poblado no les permite encender el calentador. Al baño, de unos dos metros cuadrados, no llega el agua caliente.
Cuando los niños están listos ya ha pasado la hora de entrada en el colegio, las nueve. Según Santiago, este es el motivo de que siempre lleguen tarde a clase. Una vez listos, los padres los llevan en brazos hasta la furgoneta para que no se manchen con el barrizal del poblado. "Los niños se quejan de que llegan manchados al colegio porque pisan barro por todas partes", afirma una de las madres. Según Santiago, "de vez en cuando echamos camiones de arena para alisar las entradas, pero no sirve de nada" y añade que "para llegar a cada casa hay que pasar un pila de baches y hay mucho tráfico de vehículos". Llevan años pidiendo un asfaltado que no llega... y en breve llegará hasta allí la Tercera Ronda, ya sin ellos.
Una vez que los niños están en el colegio, la madre se queda en casa y los padres suelen ir a vender chatarra o a trabajar al mercadillo. Son las dos ocupaciones principales de los hombres. Aunque no niegan la existencia de los puntos de venta de droga, afirman que cada vez hay menos tráfico.
El poblado no quiere llevar la delincuencia y la droga como bandera, y de hecho hay una zona de chabolas que no venden estupefacientes, pero la realidad es que Penamoa es el principal surtidor de droga de la ciudad. Este estigma y el racismo que aún pervive es uno de los motivos de su aislamiento."No podemos decir que vivimos en Penamoa porque si no, no se nos da ningún trabajo, ni se nos alquila ningún piso, tenemos que ocultarlo", explica uno de los vecinos, que está domiciliado en otro punto de la ciudad.
Llegada la noche, suele haber reuniones entre las familias y el poblado se oscurece por completo. Sólo hay luz dentro de las casas.

Unas cien familias que no entienden ni de cambios de alcaldes, ni de problemas topográficos, ni les interesa que llegue o no Ikea a la ciudad, sólo les importa si mañana seguirán viviendo en la misma chabola o si pasarán algunos días más en su "chalé con vistas". Mientras tanto, la preocupación antes de conciliar el sueño es no olvidarse de ir a cortar la leña dentro de unas horas.

LOS SERVICIOS BÁSICOS en el asentamiento chabolista de Penamoa son deficitarios. El agua, por ejemplo, llega sin fuerza y es el motivo por el cual no se puede calentar en el calentador.
El alcantarillado es precario y existe una zona de chabolas en la que viven una decena de familias que carecen de él. La mayoría de los gitanos afirma que han hecho ellos mismo las cañerías. Una situación que deja baños atascados, inundaciones dentro de las chabolas y un fuerte olor.
Sólo hay luz en las chabolas. No existe alumbrado en las calles. "Por la noche es un caos, vivimos en tinieblas", afirma uno de sus habitantes.

Comunicaciones. La mayoría de los gitanos, hombres y adultos, tienen móvil, sin embargo no llega la línea de teléfono, y por tanto no hay ni una cabina telefónica. No hay ordenadores y el correo es irregular, aunque han conseguido que un cartero les conozca y les lleve las pocas cartas hasta casa. No hay paradas de bus y en cuanto a los taxis, ni uno se ha atrevido a subir.
El servicio de basuras llega cada tres dÌas y hay cinco contenedores para m·s de un centenar de personas.
La seguridad ciudadana no tiene cabida en el poblado. Tan sólo basta con decir que la Policía apenas entra en Penamoa. En el poblado existe una gran inseguridad, sobre todo por las noches.

martes, marzo 28, 2006

"Busco la felicidad y la mía está creando escultura". Entrevista con el escultor coruñés José Castiñeiras


José Castiñeiras es el prototipo de artista vocacional. Creador de las esculturas más emblemáticas de la ciudad como la fuente de los surfistas, la escultura de la heroína en la plaza de María Pita o las gaviotas de la plaza de Portugal. Sus últimos trabajos en madera fueron expuestos en la Galería Arte Imagen. Hombres y mujeres que insinúan que estamos ante el gran escultor del siglo XXI.

Conocer a José Castiñeiras es conocer a un artista en estado puro. Un hombre que vive porque existe el Arte, un creador de volúmenes perfectos obtenidos de una combinación sublime entre el clasicismo y la vanguardia.

-Se le considera un artista fecundo, ¿lo es?

-Bueno, llevo trabajando desde los quince años...A esa edad ya me pagaba la pensión con lo que ganaba vendiendo esculturas. Es mi vida, no sé si es la mejor o la peor, pero es la que me hace feliz.

-Muchos le conocen como el que hizo la estatua de María Pita, las gaviotas de la plaza de Portugal, la fuente de los surfistas...

-Sí, sin embargo yo tengo un estilo propio y por eso no disfruto haciendo esculturas públicas. Tengo mucho oficio, pero los monumentos por encargo están sujetos a condiciones. La única obra con la que realmente disfruté es la de los surfistas, es la que más conserva mi estilo.

-¿Cómo es ese estilo?

-Yo sólo se que lo que me gusta es hacer la figura humana e interpretarla a mi manera. Juego con ella y la traigo a nuestros días. Puede ser que tenga una influencia renacentista por las poses, me di cuenta hace poco. Un gusto por los clásicos, aunque si ellos buscan la perfección, yo deshago las figuras.

-¿En qué se inspira?

-Yo me dejo llevar. Cojo un poco de barro y me dejo llevar, surge. Hay veces que acabo aplastando el barro y otras que en una tarde salen cinco o seis cosas buenas. Hago la maqueta y luego la tallo en madera. Es un oficio.

-¿Hay alguna nota que caracterice a la nueva exposición?

-En las primeras exposiciones que hice las piezas eran muy sencillas y trataban de representar bastante, además de que las figuras eran más melancólicas. Ahora son más arrogantes y la anatomía está deformada.

-¿Cuáles son sus planes ahora?

-Voy a seguir haciendo lo que me gusta. Estoy cansado de hacer obra pública y estos años voy a disfrutar de la escultura. Busco mi felicidad y mi felicidad es ésta. En mi tierra, no quiero más.

Agradecimientos

Quiero agradecer desde aquí el apoyo mostrado por tskdeluxe, muchas gracias!!! un beso a tod@s

lunes, marzo 27, 2006

La otra cara de la ciudad


Próximamente un enfoque desde dentro del asentamiento chabolista más popular entre los coruñeses, Penamoa.